(Madrid).- La Covid-19 mantuvo en vilo a todo el planeta en el año 2020, extendiéndose las medidas para hacer frente al virus a los años posteriores.

Sin embargo, en la actualidad, la enfermedad se ha gripalizado y los casos graves en el mundo son prácticamente inexistentes. A pesar de ello, bajar la guardia no debe ser nunca una opción, pues cada poco tiempo aparecen nuevas cepas del Sars-CoV-2. De este modo, el mundo vuelve a poner los ojos en el virus debido a la nueva cepa, conocida como FLiRT.

En las últimas semanas los Centros de Control de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos han informado sobre un nuevo conjunto de variantes. Estas se han detectado en la vigilancia de aguas residuales, y amenazan con causar una nueva ola de infecciones por Covid-19. En concreto, entre el 14 y el 27 de abril, la variante FLiRT ha representado el 24,9% de los casos en el país norteamericano. Por ello, se ha convertido en la cepa dominante en la región, sobrepasando a la JN.1, que actualmente está en el 22%.

Los científicos han señalado que la nueva cepa tiene ciertas características que la vuelven preocupante, siendo una de ellas los cambios en la proteína de la espícula. Dicha proteína juega un papel fundamental en el modo en el que el Covid-19 coloniza el cuerpo y hace enfermar.

A esto se le añade que cada vez son menos las personas que se ponen al día con vacunas actualizadas. En la población de Estados Unidos, la tasa de actualización de la vacuna Covid-19 es bastante baja, pues se sitúa en torno al 22%. Esta situación aumenta el riesgo de que se produzcan nuevas olas de casos.

Es importante recalcar que la presencia de nuevas variantes no desacredita la eficacia de las vacunas existentes, que han demostrado ser eficaces contra diversas variantes del virus. Aunque es posible que las vacunas no sean tan efectivas contra algunas variantes como lo son contra el virus original, la mayoría de las personas vacunadas que se infectan con una variante experimentan síntomas más leves que aquellos que no están vacunados.

En lo relativo a los síntomas, los registrados hasta el momento son similares a los de otras variantes, de acuerdo con los Centros de Control de Enfermedades (CDC). Entre ellos, se incluyen fiebre, tos, congestión, secreción nasal, dolor de garganta, dolor muscular, de cabeza, escalofríos, problemas respiratorios, fatiga, pérdidas de olfato o gusto, 'niebla mental' (sentirse menos despierto o consciente) y síntomas gastrointestinales.

Los signos de la infección tienden a aparecer entre dos y 14 días después de la exposición y, en términos generales, el organismo apunta que las personas con Covid-19 pueden tener un abanico más variado de síntomas, y cuadros clínicos que van desde la enfermedad leve hasta la severa.

Distinguir los síntomas de la nueva variante puede ser un desafío, puesto que sus signos son similares a los de otras variantes o, incluso, a las infecciones previas. Sin embargo, es importante observar los nuevos casos y cómo evolucionan, prestando especial atención a regiones como Estados Unidos, que cuenta con mayor prevalencia de esta cepa.

A pesar de todo, la variante predominante en España es la Pirola, identificada en mayor proporción en los casos de IRAs en Atención Primaria, con predominio del 97,78% desde el inicio de la temporada correspondiente a la circulación de linajes y sublinajes JN.1. A su vez, se identifica en mayor proporción en los casos de IRAG en hospitales, con un 59,06% y un predominio del 84,13% desde el inicio de la temporada correspondiente a la circulación de linajes y sublinajes JN.1.

Fuente: Con Salud