(MAdrid).- Una investigación llevada a cabo en el Cima Universidad de Navarra ha identificado un ácido ribonucleico (ARN) que permitiría modular la terapia génica contra el cáncer u otras patologías. Estos resultados orientan el desarrollo de tratamientos personalizados para cada paciente y en diferentes fases de su enfermedad.

Las células evolucionan para producir miles de ARNs distintos que se unen a proteínas, a regiones del ADN o a otros ARNs para realizar distintas funciones. Por ejemplo, los ARNs pueden contribuir a la formación de células tumorales. Este estudio ha logrado imitar en el laboratorio esta evolución natural hasta identificar ARNs sintéticos que, cuando se introducen en la célula, son capaces de controlar la expresión de un gen terapéutico”, explica la Puri Fortes, directora del Programa de Biología en ARN del Cima y codirectora del estudio junto con Fernando Pastor.

En general, los genes terapéuticos deberían ser siempre beneficiosos para el paciente, explican los investigadores. Sin embargo, en ocasiones causan efectos secundarios no deseados que producen toxicidad. Hasta ahora resultaba muy complicado modular la expresión del gen para impedir posibles efectos secundarios. “En el Cima hemos identificado una secuencia de ARN que actúa como un regulador que modula la expresión del gen terapéutico. En condiciones normales, cuando se introduce la terapia en el paciente, el interruptor está apagado y el gen no se
expresa, no hay efecto”, explican los investigadores. “Cuando el médico lo considere adecuado, le dará al paciente un antibiótico convencional. Este se unirá a la secuencia de ARN diseñada y se ‘encenderá’ el gen para producir la proteína terapéutica. Si el médico o el paciente notan algún efecto no deseado, puede dejar de tomar el antibiótico y se apagará el gen. Si las condiciones cambian, se puede volver a encender el gen, utilizando el antibiótico las veces que haga falta”, aclaran.

Uno de los tratamientos que se pueden beneficiar de este tipo de “interruptor génico” es la terapia de linfocitos T (CART, por sus siglas en inglés), que consiste en modificar estas células del sistema inmune para que sean capaces de atacar a las células tumorales. “A veces, las células CAR-T producen efectos no deseados que desaparecerían con esta estrategia”, apuntan Fortes y Pastor.

Los resultados de este trabajo se han publicado en ACS Nano, revista científica de la Sociedad Americana de Química. Aplicaciones en diversas terapias Una de las conclusiones principales del trabajo es que orienta al clínico a aplicar el mejor abordaje para cada caso. Como apunta el Dr. Pastor, “este ARN se abre y cierra en respuesta al antibiótico y nos permite regular la expresión génica no solo de CART sino también de otras terapias que en un momento puntual se expresen demasiado y causen efectos secundarios colaterales”.
Los científicos consideran que una aplicación muy interesante de este tipo de interruptores es la producción a gran escala de proteínas recombinantes con fines terapéuticos. “El interruptor nos permitiría inducir la producción de la proteína en el momento óptimo para alcanzar el mayor rendimiento de síntesis de la proteína terapéutica. En esta línea, se van a llevar a cabo futuros estudios en colaboración con la empresa navarra de proteínas recombinantes 3P Biopharmaceuticals”.

A partir de ahora el estudio se va a centrar en determinar la aplicación de este sistema en diversas aproximaciones de terapia génica (tanto viral como no viral) utilizando distintos fármacos disponibles en la práctica médica. Este trabajo se ha realizado en el marco del Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBER) y del Instituto de Investigación Sanitaria de Navarra (IdiSNA) y ha contado con financiación de la Fundación “la Caixa”, a través de la convocatoria CaixaImpulse.

Fuente: GAceta Medica