(Madrid).- La edición 2023 del congreso anual la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO) llega a su fin, dejando grandes avances sobre la mesa. Andrés Cervantes, presidente de la entidad, explica algunos de los estudios más destacados y hacia dónde debe reorientarse la asistencia en cáncer para dar demanda a las necesidades futuras en este ámbito.

Hemos visto que se han presentado resultados de gran relevancia en cáncer de pulmón o tumores ginecológicos y genitourinarios, entre otros. ¿Qué highlights destacaría de esta edición de ESMO?
Un avance muy importante se ha dado en los tratamientos dirigidos. Y uno de ellos aplica a dos enfermedades que desde un punto de vista clásico están relacionadas con órganos: el cáncer de pulmón y el cáncer medular de tiroides. Son dos enfermedades que a priori no tienen nada que ver, pero aproximadamente el dos por ciento de pacientes con cáncer de pulmón y casi todos los casos de cáncer medular de tiroides tienen una mutación o reordenamiento del gen RET. Lo que se han producido son moléculas muy específicas y dirigidas que son capaces de modificar las consecuencias de esta mutación y esto ha supuesto un vuelco radical en el tratamiento de estos pacientes.

La importancia conceptual de estos avances es que es una aproximación multicientífica, porque va desde el desarrollo de la química computacional. Cada vez va a haber más avances porque va a haber definiciones más claras de la diana a tratar y mejores moléculas para conseguirlo.

Qué más avances destacaría en tratamientos oncológicos?
Se han presentado varias mejoras. En cáncer de colon, las mutaciones RAS son prácticamente el 50 por ciento de los pacientes significa que tienen menos posibilidades de tener tratamiento. Sin embargo, los resultados presentados en esta edición muestran que, por primera vez, un medicamento es capaz de bloquear una mutación determinada de RAS. De esto se determina que, por primera vez RAS no es un predictor negativo sino positivo; todavía nos impide hacer algunos tratamientos, pero ya tenemos algunos que aportan mejoras.

También destacaría la expansión de la inmunoterapia a otros tumores. Ha habido dos presentaciones extraordinarias en cáncer de vejiga. Una que indica que, añadiendo inmunoterapia a la quimioterapia se mejoran los resultados de manera significativa. Pero la más llamativa es sobre un estudio que muestra que asociar un anticuerpo conjugado a un fármaco con inmunoterapia, se duplica la supervivencia en cáncer de vejiga metastásico. Cabe destacar que en este grupo no hay quimioterapia y que la mediana de supervivencia se sitúa en 32 meses cuando antes era de 16; los efectos tóxicos son incluso menores y es el avances más importante en esta enfermedad en los últimos 40 años.

En definitiva, este congreso está generando expectativas y datos concretos en innovación. Uno de los investigadores bromeaba diciendo que el objetivo era ‘mandar la quimioterapia al museo’ y realmente creo que la idea es que, aunque todavía ayuda a muchos pacientes, hay tratamientos innovadores que están ganando indicaciones y cambiando el espectro de la enfermedad y su tratamiento.

La oncología de precisión cada vez cobra más importancia en el tratamiento de diversos tumores. ¿Cómo se está trabajando en Europa, tanto a nivel de investigación como administrativo, en el avance y uso de nuevos biomarcadores?
El conocimiento que tenemos ha avanzado enormemente. De hecho, cuando ESMO hace sus guías clínicas no sólo recomienda un tratamiento u otro, sino qué biomarcadores hay que hace en base al impacto en curabilidad o supervivencia. Desde ESMO también se ha hecho una revisión sobre el uso de la secuenciación masiva de tumores en 45 países, casi todos los de la Unión Europea y algunos externos. Lo llamativo es que estamos lejos de un acceso universal a biomarcadores.

Tenemos que discutir para establecer un sistema donde la prioridad sea el acceso igualitario, que a ningún paciente se le discrimine por no tener acceso a una determinada técnica. Es importante poner el foco en que los biomarcadores evitan tratamientos innecesarios o ineficaces en algunos pacientes, ayudando a seleccionar el tratamiento más eficaz. Por tanto, la implantación de biomarcadores va a hacer una medicina más racional, basada en la ciencia y centrada en ayudar al paciente. Igual que se evalúa qué fármacos son mejores, es importante saber cuál es el sistema que tiene mejor coste eficacia para abordar cada enfermedad de la manera más lógica.

En términos de investigación, uno de los temas al que han apuntado los profesionales es que, con la llegada de tratamientos cada vez más dirigidos, sería necesario remodelar el diseño de los ensayos clínicos para que no se produzcan retrasos en la disponibilidad de la innovación. ¿Cómo cree que deberían reconfigurarse en base a esta nueva realidad?
Antes mencionaba que en torno al dos por ciento de pacientes con cáncer de pulmón tienen reordenamiento RET; esto significa que para hacer un ensayo randomizado de 300 pacientes habría que hacer screening a 6.000. Las empresas o sociedades que llevan a cabo estos estudios tienen mucho mérito. Sabiendo que uno espera tanto de los biomarcadores y tratamientos dirigidos, comparar estas enfermedades que son situaciones únicas con tratamientos globales que tienen quizá menor probabilidad de éxito, quizá haya que tender a definir qué tipo de parámetros se tienen que incluir en los estudios para adaptarlos a un menor número de pacientes.

Viene una segunda generación de ensayos clínicos donde no va a ser tan importante el número de pacientes o la randomización, porque cuando un tratamiento es muy eficaz, se puede demostrar con menos participantes. Tenemos que pensar que los ensayos son un instrumento de conocimiento y para generar ciencia; y como los recursos son limitados, si limitamos el número de casos que se incluyen en los mismos, debemos tener diseños que garanticen esa eficacia.

Teniendo en cuenta el nuevo escenario en oncología con grandes avances terapéuticos y nuevas figuras como la de los largos supervivientes, ¿En qué deben poner el foco los sistemas sanitarios para garantizar que se les da una atención de calidad?
Esto va a requerir un diálogo muy profundo y una interacción muy abierta. En Europa se estima que en 2030 se diagnostiquen tres millones de casos de cáncer y el 11 por ciento serán en España; ahora tenemos aproximadamente 230.000 casos al año y en 2030 se espera que la cifra sea de 330.000. La pregunta es, ¿Tendremos para ese entonces los servicios preparados par esta epidemia? Está claro que hay un balance y, aunque hay más cáncer, hay más supervivencia.

Esto significa que estamos mejorando no sólo en tratamientos, sino en una visión de 360º: desde la prevención y los hábitos saludables que reducen la incidencia, pasando por el diagnóstico temprano que aumenta las posibilidades de curación y también llevando a los pacientes una vez identificada la enfermedad por caminos que supongan aportar el mejor tratamiento. Esto conlleva desafíos como contar con una fuerza de trabajo que se incremente y no se disminuya como está sucediendo en toda la Unión Europea. Las autoridades sanitarias han de tener esto como prioridad y establecer un diálogo con sociedades científicas y profesionales para reorientar este aspecto y que la ‘pandemia’ de cáncer no nos pille por sorpresa, limitando nuestras capacidades.

Cómo es la situación en España en términos de supervivencia?
Hay un mensaje positivo. La Unión Europea ha publicado los datos de supervivencia de cáncer de 26 países comparando 2020 con 2011: España está en una posición excelente, somos el quinto país de la UE con mejor supervivencia en cáncer, sólo por debajo de países como Suecia, Finlandia, Chipre o Malta. Además, hemos mejorado significativamente respecto a 2011 aunque ya estábamos bien posicionados; es decir no hemos perdido espacio ni vidas en esta batalla y es importante seguir trabajando para que las cifras mejoren.

Cuáles son los conceptos claves en la actualidad en términos de acceso?
Uno de los aspectos que más discusión va a generar y sobre el que tenemos que trabajar es la sostenibilidad. Aquí, hay que tener en cuenta que hay avances, pero no todos son iguales. Mirando los datos presentados en cáncer de vejiga, me viene a la mente un instrumento de ESMO, la escala de magnitud de beneficio clínico, que mide los avances dependiendo del pronóstico y las características de la enfermedad. Los parámetros son la disminución del riesgo de muerte, los meses que incrementa la supervivencia… cuantificando lo que supone el avance. No quiere decir que no se pueda llegar a todo, pero hay que dar prioridad a aquello que supone más avance. Y cabe destacar que cuando ESMO empezó a trabajar en esta escala, uno de los hallazgos más llamativos es que en ocasiones el precio de los fármacos no tenía relación con la magnitud del avance.

Al hablar de acceso a la innovación en oncología hay diferentes barreras. ¿Por dónde se debería empezar a trabajar para reducir los tiempos hasta la disponibilidad de medicamentos y que los pacientes puedan beneficiarse de estas nuevas terapias?
Ahora, lo que estamos haciendo desde la sociedad europea es debatir acerca de un modelo de reembolso para priorizar aquellos tratamientos con un efecto beneficioso y que esto no suponga una demora, más teniendo en cuenta que en España desde que la Agencia Europea del Medicamento (EMA) autoriza un fármaco hasta que se lleva a cabo la negociación, pasan más de 18 meses. Aunque se establezcan programas intermedios de acceso rápido y similares, esto no es lo ideal. A mí me gusta mucho el modelo alemán, que se puedan recibir los tratamientos al día siguiente de su autorización y que haya un año para revisar precio y otras condiciones. Este modelo tiene más en cuenta a los usuarios, lo que es importante.

Para finalizar y poner la situación en perspectiva, ¿Cuáles diría que son los principales retos a los que se debe hacer frente en el campo de la oncología a corto, medio y largo plazo?
El siguiente paso a descubrir un medicamento o combinación de medicamentos es implementarlo en la práctica clínica y, para ello, en general hace falta reorientar la distribución de recursos. En este esfuerzo tienen que intervenir las autoridades regulatorias, responsables de la gestión de la sanidad y los profesionales de la salud.

Fuente Gaceta Médica